Probando el ayuno intermitente

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Os voy a contar mi último GRAN descubrimiento. Quizás algunos ya lo conozcáis, pero para mi ha sido toda una revolución. Aunque nunca he tenido problemas serios con la comida, digamos que mi relación con la comida nunca ha sido una relación “despreocupada”, y menos aún desde que he decidido limitar o eliminar muchos alimentos.
No estoy segura de por qué empecé a leer sobre el ayuno intermitente. Creo que fue una mezcla entre intentar simplificar mi día a día al máximo, reducir el estrés que supone llevar una dieta restrictiva e incrementar mi nivel de energía. Buscaba algo que fuera conveniente, fácil de aplicar y barato.
Había leído varias veces sobre el tema y lo había intentado alguna vez sin mucho éxito siguiendo las pautas de las personas a las que había leído y de nuevo aprendí que lo que les sirve a los demás no tiene porque funcionarme a mi, por lo que esta vez lo hice de otra manera, adaptándolo a mi y a mi día a día. Y resulta que esta vez sí que funcionó.
El ayuno intermitente no es una dieta (se adapta a cualquier tipo de dieta), es una forma diferente de comer. Consiste básicamente en limitar la ventana de tiempo en la que comemos a una franja de tiempo inferior del día o a  veces de la semana. Normalmente comemos durante una ventana de 14 o incluso de 16 horas. De esta manera no le damos un respiro a nuestro sistema digestivo, salvo cuando dormimos. En mi caso, empecé dejando una ventana de ayuno de 12 horas desde la cena hasta el desayuno (posteriormente aumente la ventana de ayuno a 14 horas), es decir que simplemente retrasé mi primera comida del día. Por lo tanto, desde que me levanto y durante mi ventana de ayuno sólo tomo té verde (puede ser café solo sin edulcorantes) y bebo mucha agua. Considero que este tipo de ayuno intermitente no es nada extremo y sin embargo los beneficios que he notado son espectaculares. De hecho hablando del tema con más gente, he descubierto que mucha gente lo hace sin ser consciente de ello.
Algunos de los beneficios que he notado:
  • Tengo mucha más energía por las mañanas, estoy más despierta, tengo más capacidad de concentración y soy mucho más productiva, ya que mi cuerpo no destina energía al proceso digestivo.
  • Mi sueño es más reparador.
  • Se ha reducido la inflamación en mi cuerpo.
  • Ha disminuido muchísimo mi ansiedad por la comida. Ya que una vez que decides cuándo empieza y cuándo termina tu ventana de ayuno, en ese espacio de tiempo no tomas ninguna otra decisión respecto a la comida. (fatiga de decisión)
  • Tengo menos hambre durante la mañana que si como nada más levantarme. Además de que he recuperado mi sensación de hambre, comía tantas veces al día que la había perdido.
  • He ido perdiendo peso de forma gradual. No era mi principal objetivo, pero es como si mi cuerpo se hubiera autorregulado.
  • Ha simplificado mi día a día. Para empezar me ahorro el tiempo del desayuno, ahora lo dedico a practicar yoga. Pero puedes dedicar ese tiempo extra a lo que quieras.
  • He reducido el estrés físico y mental. Por todo lo que acabo de comentar y porque al ser tan flexible, puedes adaptar la ventana de ayuno en función de lo que necesites cada día (eventos sociales en los que comemos más) o a distintos momentos de tu vida.
Está científicamente comprobado que tiene muchos beneficios para la salud, de hecho no es nada nuevo, que alguien haya inventado, la humanidad ha conocido el ayuno desde siempre. Si os interesa profundizar en estos detalles, podéis investigarlos en uno de los mejores recursos en castellano que he encontrado sobre el tema: el libro “Ayuno intermitente” escrito por Ángel Alegre y Marina Díaz, de los que soy súper fan. No dejéis de visitar sus blogs que son una gran fuente de inspiración para mi y para muchísima gente.
En él explican la ciencia detrás del ayuno intermitente, los tipos de ayuno, a quién beneficia y quién no debe hacerlo (embarazadas, mujeres lactantes, personas con trastornos alimenticios…), además de contarnos sus propias experiencias y la de algunos de sus amigos con el ayuno.
Hay muchos tipos de ayuno intermitente, el que os he contado (14/10) es el que ahora mismo más se adapta a mi día a día. Pero si estáis interesados, os aconsejo que además de informaros, vayáis probando hasta que deis con el que más se adapte a vosotros.
Siempre nos han contado que el desayuno es la comida más importante del día, y nunca pensé que pudiera funcionar sin desayunar inmediatamente después de levantarme. Por lo que nunca me había planteado algo así hasta ahora. Y el resultado ha sido espectacular.
Cosas importantes a tener en cuenta:
  • Comer suficientes calorías y comidas nutritivas en tu ventana de comer (no se trata de buscar un déficit calórico, si no pasarás mucha hambre en tu ventana de ayuno). Aunque inevitablemente con el tiempo tu cuerpo te pedirá comer menos, no lo fuerces y asegúrate de darle todo lo que necesita. Escucha a tu cuerpo.
  • Beber mucha agua en tu ventana de ayuno (evita la deshidratación y ayuda a eliminar toxinas)
Os dejo también otros recursos que me han gustado en inglés:
Dr. Jason Fung – ‘Therapeutic Fasting – Solving the Two-Compartment Problem’
Dr. Josh Axe. Benefits Of Intermittent Fasting + How To Do It
Dy Ann Parham. Intermittent Fasting and The Aging Woman | Why I started Intermittent Fasting | Stop Dieting
Puede que el ayuno intermitente no sea para ti, pero si crees que es algo que podrías probar, he descubierto que además de todos sus beneficios para la salud, tiene muchos beneficios para tu productividad. Te animo a que le des una oportunidad y a que me cuentes tu experiencia.

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