Deja de ordenar tus cosas

Nunca os ha pasado que en épocas que estabais más estresados, vuestro armario, vuestra mesa de trabajo, vuestra casa, estaban más desordenados?
He comprobado que también funciona en sentido contrario, el orden exterior contribuye a reducir el estrés. Y así me pasaba yo la vida, ordenando y re-ordenando mis cosas, buscando la mejor manera de organizarlo todo, comprando todo tipo de organizadores para poder encajar un mayor número de cosas dentro del mismo espacio. Pero ese orden duraba poco. Hasta que un día me di cuenta que la solución no pasa por ordenar lo que tienes, sino por deshacerte de lo que no necesitas. Tenemos muchas más cosas de las que realmente necesitamos.
 En mi caso, el punto de partida fue una mudanza. En previsión de lo que la mudanza podía suponer, ya que íbamos a hacerla nosotros solos, empecé a deshacerme de cosas tres meses antes, pero aún así cuando llegó el día, no podía creer la cantidad de cosas que pueden acumular dos personas durante cinco años en un piso de 50 m2. Nos mudábamos a una casa mucho más grande y con lo que trajimos la llenamos entera. Al principio pensé que necesitábamos más muebles, estanterías, armarios, cajoneras,… pero lo que necesitábamos en realidad era deshacernos de todas las cosas que llevábamos acumulando durante todo ese tiempo y que ni siquiera recordábamos que teníamos.
De repente, la imagen de poder mudarnos con lo que te cabe en un coche, empezó a resultarme muy atractiva.
 He leído sobre muchas formas de empezar a minimizar tus pertenencias, hay quien prefiere hacerlo de golpe, y quien necesita ir poco a poco. También hay propuestas concretas sobre el número de cosas de las que deshacerte, o el número de cosas con las que quedarte.
Para mi hacerlo de golpe resultaba muy estresante, preferí hacerlo de forma progresiva, y comprobé que a medida que vas practicando la toma de decisiones, cada vez resulta más fácil. Respecto a tomar un número como referencia, me parece muy útil si te resulta realmente difícil dar el paso. Puedes empezar deshaciéndote de 1 cosa al día por ejemplo. No era mi caso, yo ya estaba dispuesta a aligerar mi carga, pero lo haría a mi ritmo.
 Empecé por mi armario, y recorrí toda la casa, cajón a cajón, haciéndome estas tres preguntas:
1- ¿Cuánto tiempo hace que no utilizo este pantalón/utensilio de cocina/gadget? Si la respuesta era más de 2 años, lo  más probable es que no volviera a utilizarlo.
2.- ¿Es algo que necesito? hay cosas que aunque no utilizamos frecuentemente, decidimos conservar porque era probable que las necesitásemos en algún momento, cosas como baldosas sobrantes de una reforma que nos dejaron los anteriores propietarios o un colchón hinchable para visitas.
3.- ¿Es algo que me gusta o que me hace sentir bien? si la respuesta es sí, consérvalo, pero si no te aporta nada o incluso te genera mal rollo o te pone triste, no merece la pena guardarlo.
Puse una cesta en la entrada de la casa, y poco a poco fui dejando allí las cosas que ya no tenía sentido conservar. Cuando la cesta se llenaba, lo metía todo en una bolsa y lo llevaba al maletero del coche, donde se quedaba durante varios días, por si me arrepentía de haberme deshecho de algo, tenía un período de margen para recuperarlo.
Conservo una caja mediana llena de cables y cargadores de todo tipo hasta que descubra para qué son o decida que ya ha pasado suficiente tiempo para tirarlos. (todos los cables nuevos llevan una pegatina que dice a qué dispositivo pertenecen).
Cabe la posibilidad de que volvamos a necesitar alguna de las cosas que tiramos o donamos, pero decidí que el coste emocional y de espacio es mucho mayor que el de tener que reemplazarlo.
 Sigo manteniendo la cesta en la entrada y sigo revisando los cajones de vez en cuando en busca de cosas que no cumplan alguno de los tres requisitos; y he de decir que me siento mucho más a gusto en mi casa ahora, por no hablar de lo infinitamente más fácil que es mantenerla en orden.
Pero sobretodo y más importante, resulta liberador.
Al mismo tiempo que te vas deshaciendo de cosas materiales que no te aportan nada, te vas deshaciendo de los pensamientos asociados a esas cosas. Vas dejando espacio libre en tu casa y en tu mente para cosas nuevas, cosas que aporten realmente un valor añadido a tu vida.
Si lo pruebas, ya me contarás cómo te sientes.

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